La Galería

El conocimiento se adquiere; con el talento se nace.

En Carlos Misrachi se conjugan la profunda sensibilidad con una vida inmersa, desde sus inicios, en un océano de colores y formas. Es heredero directo del promotor más destacado que ha tenido el arte mexicano: Alberto Misrachi, griego de origen residente en México, quien para suerte de la naciente escuela mexicana de pintura, fundó en 1933, en Av. Juárez 4, frente a Bellas Artes, la galería que llevó su nombre. Desde ahí fueron impulsados a la fama internacional los grandes pintores de la época: Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Clemente Orozco, El Doctor Atl, Frida Kahlo y todos cuantos constituyeron fundamento y columna del primer gran movimiento artístico de nuestro país. La infancia de Carlos transcurrió bajo esa luz. Múltiples posibilidades se abrían ante él; escogió entre todas lo que constituía su pasión: seguir los pasos paternos como impulsor del arte. Empezó a trabajar a los catorce años en la galería de don Alberto, quien además de genio promotor, fue mano firme en la formación de sus tres hijos, apoyado siempre por doña Allegra, la mujer de su vida. Carlos fue iniciado por él desde un calón modesto, para luego ir ascendiendo hasta puestos directivos. Esto le permitió familiarizarse con todos los aspectos inherentes al mundo del arte y su manejo en el mercado. Ya fallecido el progenitor, fundó su propia galería en la calle Mazarik, en Polanco, el año de 1992. A partir de entonces, esa presencia en el arte de México es permanente y fundamental. En la actualidad desarrolla su actividad únicamente en la galería ubicada en el hotel Presidente Intercontinental y acaba de inaugurar otra galería en la Rivera Maya, en Cancún. Es, a la fecha, el único Misrachi de ascendencia directa dedicado a galerista. No podemos dejar de lado algo que ha contribuido al triunfo en todo aquello cuanto emprende Carlos: su personalidad, la afabilidad exquisita de su trato. En todo momento revela un gran amor por la vida y por la gente, desde las más encumbradas con quienes tiene constantes relaciones, hasta los más modestos empleados y trabajadores. Si apreciamos en él tantas cualidades, valoramos por encima de todas el privilegio de su amistad.

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